miércoles, 17 de agosto de 2016

Jordi Sales (psiquiatra y nostálgico del mar)



MI INTERÉS POR EL MAR VIENE DEL 'SNIPE' Y DE LAS COLUMBRETES
[Entrevista publicada en el suplemento 'Ciutat Vella' del diario 'El Vigía', noviembre 1992]

Cuando al Jordi Sales se le ocurrió impulsar una asociación que sirviera como ágora para los entusiastas de las cosas relacionadas con el mar, la respuesta de la sociedad civil barcelonesa fue inánime. Y la idea se materializó cuando se vio que era necesario rellenar de contenido humano la recuperación del 'Front Marítim de l'Area Metropolitana de Barcelona'.

Jordi Sales, médico en psiquiatría, entusiasta del mar, activista en la participación ciudadana, con un grupo de gente interesada por la recuperación de la tradición, la documentación y de la cultura relacionada con el mar diseñaron una estrategia de participación que ha llevado a una serie de iniciativas que quieren impulsar el acercamiento al mar, con instrumentos como la creación del FAR, que unidos bajo el eslogan de 'Barcelona fes-te a la Mar', quieren recuperar el patrimonio cultural marítimo barcelonés.

- El inicio de esta asociación, ¿cómo se gestó?
 En esencia fue crear una plataforma para que la gente que tenga algo que decir o llevar a cabo algo relacionado con el mar pueda contar con una herramienta con la que poder expresarse. Este es el unico leiv motive, el acercamiento del barcelonés al mar.

- Se  ha dicho que Barcelona siempre ha estado de espaldas al mar. ¿Esta asociación quiere romper este tópico?
 De espaldas al mar, Barcelona nunca lo ha estado de una forma total. El barcelonés siempre ha tenido en el mar, su 'válvula de escape'. El rompeolas, el puerto, la Barceloneta, incluso Can Tunis y las playas del Poble Nou, siempre han sido lugares de escapada y ocio de los barceloneses. Otra cosa es que en un momento determinado se crearon una serie de barreras de tipo arquitectónico,, urbanístico, industrial, que dificultaban este acceso al litoral.

- ¿Ha vivido, como barcelonés, el mar?
 Por descontado.Como todos los barceloneses. Todos hemos disfrutado del mar desde hace años. Para mí el mar es consustancial con mi manera de ser. Como creo lo es para muchos barceloneses. Mi padre era un entusiasta del mar. Era un navegante amateur de la época. Navegaba en snipe, una embarcación muy difundida en Barcelona, en su momento. Yo navegaba con él. Y aún me gusta batirme con los elementos agua y viento...

-¿De aquí su interés por las cosas del mar?
 Te confesaré una cosa. Creo que mi interés por el mar me viene de más lejos. De un lugar más profundo de mi personalidad. El padre de mi madre, mi abuelo materno, era de Mallorca. Procedía de una familia de 'torrers', es decir de fareros. Mi abuelo era farero y fue destinado en varios faros, o 'llums' como decía él. Cuando nació mi madre, él estaba destinado como farero en las islas Columbretes.

-¿Aquellas islas que están enfrente de la costa de Vinarós?
 Exacto. Él vivía en aquel lugar con su familia. Mi madre, de niña, pasó mucho tiempo en aquel paraje, donde el mar lo es todo. Esta convivencia con aquella naturaleza, supongo que la marcó mucho, y esta sensación que ella tenía hacia el mar, creo, yo la he heredado.

- Marcado genéticamente por el mar. Ahora entiendo lo que pretende decirme...
 No es para entender nada. Es simplemente una circunstancia, que seguro influye. Si quieres especular más te diré que mi abuelo, que se llamaba  Miquel Tarrandell, después de estar en las Columbretes, fue destinado al faro del Llobregat, que entonces también era un paraje aislado y solitario.

- Sí, insisto, su vinculación con el mar y Barcelona, es ancestral... Mallorca, Columbretes, Barcelona...
 Yo no diría tanto. Simplemente es un posible factor.

- ¿Ha visitado de nuevo aquellos islotes?
 Sí. Y son maravillosos.

- ¿Y el faro de la punta del Llobregat?
 También

- Volvamos a Barcelona, ¿de verdad cree que la ciudad está recuperando su mar?
 Por descontado. Con la actuación de los gobiernos democráticos, con el nuevo Pla de Costes, la construcción de la Vila Olímpica, la recuperación del Port Vell y sobre todo la voluntad de recuperar espacios costeros, hasta ahora ocupados por obsoletas edificaciones industriales, que va desde Mongat a las Botigues de Sitges, vamos a crear las condiciones para que el ciudadano tengan una verdadera relación con el mar.

- Desde esta asociación ¿qué se va hacer?
 Nuestra asociación tiene un carácter de dinamizadora de personas. Si en el aspecto de intervención urbanística, como el que te acabo de comentar de eliminar la barrera de edificaciones industriales, tiene un carácter físico, urbanístico, palpable, nuestra asociación 'Barcelona fes-te a la Mar', tiene un carácter más intangible, más, utilizando vocabulario marxista,  más superestructural. El cometido de la asociación es el de dinamizar una serie de actividades, de tipo lúdico cultural, de recuperación de la memoria histórica, de rescatar las tradiciones marítimas, así como de la actividad social que genera el mar.

- ¿Que tipo de socios tiene Barcelona Fes-te a la Mar?
 Muy variados. Es gente que tiene ganas de aportar sus experiencias vinculadas con el mar y darlas a conocer. Desde deportistas a historiadores, de modelistas a escritores.

- Estáis promoviendo un nuevo tipo de embarcación, que llamáis el 'Drag Magic'...
 Sí, entre otras cosas. Creemos que es una tarea importante el abrirse a la sociedad, con iniciativas como estas, que tienen el objetivo de animar a la gente a que aprenda a navegar. En este sentido también vamos a hacer el seguimiento  de lo que va a hacer el navegante vasco José Luis Ugarte, en la Vendée Globe, una regata alrededor del mundo en solitario y sin escalas...

-¿La misma en la que tenía que participar el navegante barcelonés Albert Bargués?
 Sí. Una pena que no haya podido participar en este reto náutico, por falta de financiamiento...

Angel Joaniquet


 (Entrevista traducida del catalán)



martes, 4 de agosto de 2015

Inés Mansilla (navegante y apasionada del mar)


INÉS MANSILLA, UN TRIPULANTE CON DUENDE
[Entrevista publicada en la sección tripulantes de la revista RANC Difusión de marzo'89]

En angloamericano diríamos que tiene ‘soul’. Como estamos en España diremos, que Inés Ana María Mansilla del Campo tiene ‘duende’.
Duende, no en el sentido de duendecillo –tal como decimos quienes vivimos el mundo de la prensa- sino de embrujo, de algo especial, que solo los conocedores del flamenco saben captar.
Inés tiene un ‘duende’ especial que proyecta a toda una tripulación que navega en un two ton que se llama Duende. Inés es como el alma de este velero cuyo armador es Jacinto Rodríguez y cuyo núcleo duro está formado por Jordi Costas, Víctor Morales y Pepe Padrós. Y todos saben que sin Inés las navegaciones del Duende en las distintas regatas, apurando minutos, segundos para superar su rating, serían muy distintas.

-Hay pocas mujeres tripulantes…
Antes sí. Ahora creo que no tanto. La mujer cada vez navega más. Existen, incluso, algunas tripulaciones, solo de mujeres…

-Pero no es la norma…
Pero se está normalizando.

-Usted es una institución en la vela…
Exagera un poco. Lo que pasa es que yo desde siempre he navegado. Y cuando no habían otras mujeres en España navegando en regatas, esto se notaba más.

-O no las dejaban formar parte de las tripulaciones
Puede que hubiera algo de ello…

-Existía el criterio de que las mujeres dan mala suerte en un barco
Sí. Conozco este prejuicio. Un criterio muy machista. Había, y aún hay, letreros en algunos barcos que ponían ‘Mujeres a bordo, no’. Pero ahora está superado.

-Pero, cuando usted empezó a navegar, este prejuicio estaba a flor de piel en muchos armadores…
Puede que haya roto moldes en este sentido. Mi afición a la mar ha hecho que pudiera demostrar que la mujer no da mala suerte a un barco. Al contrario, puede ser el mejor tripulante. El mar no es una cosa de fuerza, sino de maña.

-A parte de navegar con su marido y ser el alma de la tripulación del Duende, usted también ha formado varias tripulaciones exclusivamente femeninas.
En esto sí que soy una pionera. Junto con un grupo de amigas, y con un barco que nos dejaron, el Odiseus, creamos una tripulación enteramente femenina. Eramos las ‘amazonas del mar’. Así se nos llamaba y la formamos Judith Flors, Cuca Padró, Marta Mas y Karen Kenkis. Después formé otra a bordo de un ‘cirrus’, que incluso obtuvimos varios premios, clasificándonos por delante de 42 tripulaciones masculinas en el Trofeu Hivern.

-¿Para usted que es el mar y la navegación?
Para mí el mar y la navegación lo es todo. Contacto pleno con la naturaleza. Un reto constante conmigo misma,  con la gente que participamos en un proyecto. Esto es lo sublime del navegar. Por esto me encanta. No podría vivir si me dijeran que no podría navegar más.

-¡Esto es muy fuerte!
Es que el mar es muy fuerte. Te atrae o te rechaza. A mí me atrae.

-¿Esta vocación náutica, de dónde procede?
El origen de mi envenenamiento por el mar, creo, me viene de cuando vivía en Sidi Ifni, un ex-territorio español en Africa Occidental. Allí mi padre tenía un patín de vela, como los que navegan en la costa catalana y en la temprana edad de tres años ya salía con él. Recuerdo muy bien cómo me llevaba a navegar. Era el Atlántico. Y ya se sabe cómo es de complicado este mar, y más en la costa africana, con grandes olas, ya que en Ifni es una costa de muy poco calado y con vientos procedentes del desierto, el conocido sirocco, lo que hace que el mar arbole siempre. Creo que fue entonces cuando mi afición al mar se me abrió.

-Antes de navegar en crucero usted navegó mucho en vela ligera, ¿cierto?
Sí, en 420 y 470. Incluso he regateado estando embaraza, hasta el punto en que en un Trofeo Maresme, que era una liga que se celebraba en la costa barcelonesa, estuvieron a punto de descalificarnos, a mi marido y a mí, porque en lugar de ir dos en la embarcación, tal como indicaba el reglamento, navegábamos tres –nos comenta con cierta broma.

-¿En qué lugar quedaron en este trofeo?
En segundo lugar.

-Entiendo ¿y quién era el tercer tripulante?
Mi hija María del Mar. Estaba embarazada.

-¡Si no hubieran tenido podio, puede nadie hubiera protestado!
No, hombre. ¡Que era una broma simpática hacia nosotros! El caso de ir ‘tres’ y pesados, en realidad era un hándicap. ¡Nos tendrían que haber dado un mejor rating, como pasa en crucero!

-Sí tiene toda la razón. Volviendo al crucero, ¿qué momentos recuerda con mayor cariño?
Infinidad. Todos los días que navego son para no olvidar. Todos son distintos y en esto está el gran encanto de navegar. Todos los momentos son buenos.

-¿Algún momento malo?
Se olvidan cuando llegas  puerto, pero ya que insiste le diré tres momentos de esos que recordaré siempre, e incluso con cariño, porque haberlos superado significa que asciendes en varios grados tu experiencia náutica. Uno fue un castañazo que tuve con Jacinto en una Copa de España, entre Barcelona y Ciudadela. Íbamos con un ¾ton, y rompimos el stay cuando estábamos a unas 60 millas de Barcelona. Teníamos un levante típico. Dimos la vuelta y a tener temple. También recuerdo otro momento de esos que te curten como marino. Era en una Columbretes. Y otro momento fue volviendo de Denia, con motivo del Mundial que se celebró allí.

-¿Se atrevería a navegar sola?
En otros momentos sí que me ha pasado por la cabeza. Un poco influenciada por mi marido, que le encanta navegar ‘solo’ y ha participado en algunas Mare Nostrum. En otro tiempo he tenido el puntillo de saber si era capaz de realizarla. Pero ahora veo que es muy difícil, porque realizar una navegación en solitario supone un tiempo del que realmente carezco. Tengo muchas obligaciones familiares. He de conformarme con las regatas costeras, de fin de semana o las de verano.

-Y ¿de las regatas a dos, que ahora se ponen de moda?
Sí, me gustaría, pero es un poco como lo que ocurre con las solitarias. ¡Necesitas tiempo!

-Lo que sí parece que el Duende participa en la próxima regata a dos Palma-Alguer
Sí, pero será Jacinto, con otro tripulante, quien la cubrirá.

Angel Joaniquet


jueves, 9 de julio de 2015

Leopoldo Rodés (mecenas y coleccionista de arte)


LEOPOLDO RODÉS, LA SEDUCCIÓN POR EL ARTE
[Entrevista publicada en otoño 2005, en la sección 'encuentros' de Royal Club foto: Diego Muñoz] 

Leopoldo o la seducción por el arte. Leopoldo Rodés Castañé nació en 1935 en Barcelona. Hijo de abogado, también estudió Derecho. No podía ser de otra forma, nos dice. Presidente de MediaPlanning, presidente de honor del Instituto de la Empresa Familiar y miembro de su junta directiva desde su fundación, es consejero de Sogecable, La Caixa y Gas Natural y presidente de Asepeyo, del patronato de la Universidad Ramon Llull, de la Fundación del Museo Arte Contemporáneo de Barcelona… ¿Me olvido algo?...
Pero, además de su destacada trayectoria profesional, empresarial, humana, es notoria su faceta de promotor artístico y de tener una gran pasión por el arte. Esta es la faceta que nos interesa en este encuentro que mantenemos en su casa, cerca del monasterio de Pedralbes. Una pasión que se nos desvela en esta entrevista.

-Es notorio que usted es un gran aficionado al arte ¿Cuándo empezó a interesarse por este mundo?
Desde niño he tenido una especial sensibilidad hacia el objeto artístico. Supongo que mi entorno familiar también lo favorecía, porque siempre he visto pinturas en casa. También disponíamos de una buena biblioteca que me facilitaba la información y los datos que me permitían completar un conocimiento más profundo de las  obras de arte que me gustaban.

-Y esta pasión ha ido creciendo con los años…
Por supuesto. Además viajo con mucha frecuencia, lo que me da la oportunidad de visitar museos. Siempre he tenido gran interés por l evolución del arte y ello me ha llevado a tomar contacto con los movimientos artísticos de cada momento.

-¿Esta  visión amplia e histórica del arte hace que le guste algún periodo determinado?
Precisamente por esta visión global aprecio todos los periodos de la historia del arte. Todos tienen interés para mí. Creo que si te gusta el arte reconoces que toda producción artística del hombre tiene un interés especial.

-¿Cómo reconoce que un objeto tiene un duende especial?
Me guió por el instinto y, por supuesto, por mi conocimiento, Cundo adquiero una obra me la imagino siempre conviviendo con ella. Forma parte de mi vida. Por ello me ha de gustar, sentirme a gusto con ella.  Si he de convivir con ella he de sentirme  gusto con ella, cada vez que tropiece con ella…. Sería absurdo tener una obra que no te guste. Este es mi criterio de selección. Sé que para muchos esto es una forma poco ortodoxa para adquirir un objeto, pero yo me guio por este sentimiento tan subjetivo.

-¿Y si se enamora de un pieza que está en un museo?
Me encantan los museos. Me gusta recorrer sus salas y siempre aprovecho la ocasión de visitarlos. Sé dónde hay piezas que me seducen y disfruto contemplándolas en un entono apropiado para gozar del arte, como lo es un museo.

-¿Se considera coleccionista de arte?
No. Yo soy un amante del arte. Ante todo, una obra me tiene que seducir por ella misma y llegado a este punto, disfruto contemplándola. No busco poseer un cuadro a un autor determinado, y menos por su rendimiento económico. Lo que a mí me motiva a comprar una pieza es que realmente me guste. Tengo piezas de arte, aquí en csa, porque estoy a gusto con ellas y no por un afán coleccionista. Por ello, si no tengo un lugar adecuado para ubicarla y poder disfrutar de ella, no la adquiero y voy a contemplarla a un museo o a una galería, que en el fondo creo son los espacios idóneos para descubrir el arte.

-Así que, ¿se puede ser amante del arte sin ser coleccionista?
Por descontado. Hay muchas personas a las que les interés el arte, aunque no posean una sola obra en su casa.

-¿Y hay coleccionistas a los que no les gusta el arte?
Puede que sí, pero debe ser pocos, porque un coleccionista es, en el fondo, un enamorado del arte. Y si al principio no lo es, a la larga termina rindiéndose hacia él.

-¿Cuándo adquirió su primera pieza artística?
De muy joven. Sería inexacto decir que desde que tengo uso de razón, pero creo que es así.

-¿La primera significativa?
Creo que fue alrededor de los 20 años y era una obra de Antoni Tàpies que, sin duda tuvo una cierta relevancia después de comprarla.

-¿Era el inicio de Tàpies?
Su inicio en el arte abstracto.

-¿Qué le atrajo de aquel cuadro para conectar con la sensibilidad de este artista en un momento en que su arte aún no era reconocido y en unas fechas, supongo, que su forma de hacer era demasiado adelantado para la mentalidad española de la época?
No es que lo entendiera mucho en aquel momento. La verdad es que fue un acto intuitivo, que es, por otra parte, como siempre me he adentrado en el mundo del arte. Y a pesar de que tenía escaso conocimiento del arte abstracto, seguí el consejo de un amigo y me interesó esta obra que se salía de los esquemas que en aquellas fechas nos tenían acostumbrados a ver.

-¿Ahora lo entiende más?
Evidentemente, y compruebo que mi intuición no andaba errada.

-Esta compra, ¿fue entendida por su entorno familiar?
Recuerdo que a mi madre no le gustó nada. Tuve hasta una cierta polémica, por no decir enfado, con él. Incluso por el precio que pagué por el cuadro. Entonces yo le dije que esta obra era baratísima, mientras mi padre me dijo que no tenía sentido. Molesto, añadió, que esta ‘cosa’ que compré la podría haber pintado él, y no solo esa, sino diez más como ella.

-Y pasado el tiempo, ¿Qué dijo?
La realidad puso las cosas en su sitio y es evidente que aquella obra fue baratísima y mi padre habría sido incapaz de realizarla.

-¿Aún la conserva?
Por supuesto. Tengo por ella un especial cariño.

-¿Hacia a dónde va el arte en la actualidad?
Está en un periodo de evolución muy importante. De cambio conceptual. El arte siempre evoluciona, pero ahora va más deprisa, como la sociedad actual. Aún domina la abstracción, aunque hay un movimiento de regreso al arte figurativo, pero no se puede hablar de una tendencia determinada.

-¿No existe un cierto mimetismo que nos hace admirar obras, nos hace visitar museos y recintos, que hemos elevado a la categoría de mitos, por los catálogos de divulgación turística?
Puede ser, pero este fenómeno turístico afecta a los museos de arte clásico reconocidos en los que existen piezas como la Gioconda, la Rendición de Breda o el Gernika, y que se venden como referencia turística. Sí, son objetos de obligada visita y cuando se a París, Londres, Florencia o Nueva York hay que justificar el viaje visitando ciertas obras de arte.

-El arte contemporáneo está en edificios, está encerrado en envoltorios  arquitectónicos que hacen más atractivas estas visitas y desempeñan un papel importante para cautivar a un posible publico receptor. ¿Qué piensa de ello?
Tal vez, pero no se le tiene que dar más importancia ni exagerar su relevancia más de lo que se merece. Reconozco que la arquitectura forma parte del arte, pero hay que ser ecuánimes. A veces el arquitecto piensa más en la estética de su obra que en la función, en este caso un museo, por la que diseña. Puede que se hayan construido edificios  en los que después la exhibición es complicada. El continente que alberga la obra exhibida es importante, pero no hay que olvidar que desde el punto de vista de la obra de arte el contenido, es decir, la obra en sí, es lo realmente interesante.

-¿Qué museos son una referencia y no caen en este error?
Respecto a los museos clásicos las referencias son las de siempre, el Prado, el Louvre, la National Gallery de Londres, los Ufizzi, el Hermitage… Y si hablamos de arte moderno, por supuesto el MOMA. En cuanto al arte actual, hoy por hoy los centros más activos, están, en mi opinión, en Nueva York y, probablemente, Londres y Berlín.

-¿Hay que ver el arte como un valor de mercado?
El arte es un valor de creatividad humana, pero ésta se halla fuertemente influenciada por el esplendo económico en el que el artista tiene su entorno de actividad. Así en el Cinquecento el poder económico hizo que Italia fuera el foco del arte. Allí surgieron los verdaderos creadores del Renacimiento, o la Corte española de los Austrias, con el Siglo de Oro español, o la Europa industrial del siglo XIX, cuyo foco económico estuvo entre París y Londres. Hoy este poder económico se encuentra en Estados Unidos, y es allí donde procede básicamente la actual creación artística. Esto no es bueno ni malo, simplemente es así. El arte como valor de mercado va paralelo al signo de la capacidad económica que lo engendra.

-¿Y esta pieza artística, pierde valor de mercado cuando se encierra en un museo?
Depende del museo. Para un Prado o un Louvre, la venta de una pieza carismática sería impensable. Se montaría un gran escándalo. Pero hay museos que venden alguna pieza y, por tanto, salen al circuito comercial.

-¿Asiste a subastas de arte?
No. Pero las sigo. Forma parte de la afición por el arte. Y son ellas las que, en buena medida, marcan el mercado y las tendencias.


Angel Joaniquet

jueves, 26 de febrero de 2015

Toni Tió (empresario, regatista, velero)


UN MAESTRO DEL VIENTO
[Entrevista publicada en la revista Mediterránea, de febrero 1995]

Si usted navega a vela tiene muchas posibilidades de que el elemento motriz de su embarcación lo haya confeccionado Toni Tió. Este deportista nato, que ya desde joven compaginaba sus estudios de ingeniería industrial con la práctica de la vela, es una referencia empresarial en el mundo de la vela española. 

Empezó a navegar probando todas las modalidades de vela que se practicaba en Cataluña (desde el patín, pasando por el finn, el 470, el soling) hasta saltar a la vela crucero, ya como patrón de veleros que participaban en la mítica  regata inglesa Fastnet, en la que quedó segundo en el año 1975 con el Flamingo. Conquistó el campeonato de Europa de 1/4 ton. en 1978 y ya en la década de los ochenta, participó en el circuito de regatas del SORC, en el calendario norteamericano.  

Pero Toni Tió es algo más que un industrial o un empresario: es una persona enamorada del mar, del viento, de la naturaleza. En su 'factoría de velas' en Vilassar, mantenemos una charla, más metafísica, que física, sobre este elemento mágico que es el viento.

-¿Para diseñar una vela, se ha de saber navegar?
            Ayuda mucho. A parte del aspecto puramente técnico, de física aplicada, el diseño de una vela, después de integrarlo en un proceso industrial, para un velero –diseñador y confeccionador de velas- es muy importante, conocer las reacciones del viento en una embarcación y, sin duda, si éste tiene experiencia en navegar, le ayudará mucho, porque supondrá saber lo que ello comporta, y conocer previamente como actúa el viento sobre una superficie vélica. Si a priori este comportamiento lo ha experimentado antes, navegando, llevando un barco, le será mucho mas fácil su tarea, a la vez que apasionante, del diseño de unas velas.

-Toni Tió, ¿ha sabido diferenciar la vertiente empresarial, de industrial dedicado a proveer veleros, al estrictamente personal, en su aspecto deportivo?
            Sí. Mí faceta deportiva es un cuestión netamente privada. No he  querido hacer nunca bandera de ella, aunque evidentemente, a veces, esto es inevitable.

-¿Le sale su veta de navegante de competición… cuando 'dibuja' una vela?
            Seguro. Como entusiasta del mar, del viento, y de la competición, cuando me pongo delante del ordenador, o delante de un papel, para concebir una vela, mi experiencia como navegante tiene un rol importante. Y el espíritu competitivo hace que intente diseñar 'la mejor vela para este tipo de barco'. Es importante saber que ha de ser resistente y amoldable a un elemento duro e imprevisible, como es el viento. Y todo ello, y más si es para una embarcación destinada a mar abierto, te exige conocimiento, experiencia y dureza en la ejecución.

-¿Que es para usted el viento?
            A parte de mi actual forma de ganarme la vida, diseñando y confeccionado velas..., ¿qué es para mi el viento?... pues, es algo indefinible, que atrae, por que es imposible de ver, pero si notarlo y comprobar sus efectos. No lo ves, pero lo sientes, y de forma muy patente a través de sus efectos físicos sobre la naturaleza y en las personas. Hay vientos que tonifican, otros, incluso, enloquecen a los animales y personas.

-¡Pero el viento se ve, o eso dicen los regatistas!
            Claro que se ve. Ves sus efectos en los leves borreguitos que se levantan en la superficie del agua. Se ve en el horizonte, cuando está quebradizo. Su inexistencia se nota en los momentos de calma y mar plana. Lo ves a través de color que toma el cielo en una determinada hora. Y lo notas en la sacudida de una vela o en la rigidez que toma el timón… Este sentimiento, de notar lo intangible, de sentir lo invisible, de no verlo y tenerlo presente, hace que entres en comunicación, a través de él, con el entorno natural que te rodea, allí donde lo sientes.

-Sí, el viento está en todas partes. Es el aire en movimiento dicen…
            El viento lo envuelve todo. Y aún sin verlo, notas su presencia. Si un persona tiene ocasión de disponer  de un instrumento (molinos de viento, por ejemplo), o de un vehículo, como lo es una embarcación a vela, se le puede transmitir y notar esta fuerza invisible que nos envuelve, -que es el viento- y poderlo dominar, y jugar con él. La sensación y el efecto que esto ocasiona a quien lo prueba hace que se enganche en esta práctica y que ya no pueda vivir sin él.

-¿El viento es un medio para comunicarse con la naturaleza…?
Gracias a la vela, te comunicas con el viento. Conectas con él y él te pone en conexión con la naturaleza. El viento, con su halo invisible, te ayuda a comprenderla, a quererla y a respetarla. En definitiva, a integrarte en ella. Te absorbe. Incluso te hace reflexionar. Sentir. Gozar. Es un estilo de vida.

-¿Qué vientos le dicen algo?
            Como persona nacida en  Sant Pol de Mar, un pueblo del Maresme, lo que antes se conocía como la Costa de Llevant de Barcelona, me siento identificado con el viento térmico de esta zona marítima. Aquí no tenemos nortes (la conocida Tramontana), ya que la cordillera del Litoral del Montnegre, el Corredor, Sant Mateu, el mismo Montseny, hacen de barrera protectora. Por esto me gusta mucho para navegar el excelente viento térmico (conocido como marinadas, por que vienen del mar) que aquí denominamos garbí, ya que nos viene un poco del SW. Lo que sí tenemos en esta costa son los duros levantes (vientos del Este) e incluso los xalocs i mitjorn, que proceden del Sur y a veces son terribles. Pero por lo general en esta zona gozamos del garbinet. Cuando sopla Tramontana, aquí suele entrar un levante, no húmedo, con cielo sereno, ideal para correrlo con pequeñas embarcaciones en paralelo a la costa, pero intentando no alejarse del socaire del litoral, para no perderse en medio del canal balear…

-Y de otras zonas, ¿cuales son sus vientos amigos?
En todas partes existen estos vientos de marinada, excelentes para navegar. Así, cuando navego por Mallorca y entra el conocido embat, me recuerda mucho a nuestro garbí de la costa barcelonesa, al igual que cuando estoy en Huelva y entra el foreño, o en Galicia con los noroestes, o cuando estoy en la costa sur de Inglaterra, en el Solent, que con el cambio de marea entra el viento de mar. Todos estos vientos me hablan como en casa. Todos son similares, a pesar de estar en muy distinta latitud. Y con todos ellos he disfrutado navegando a vela. Para no hablar del alisio del Atlántico, el fantástico viento que sopla desde las Canarias hasta el mismo Caribe.

Angel Joaniquet


jueves, 18 de diciembre de 2014

María del Mar Raventós (viticultora, enóloga y empresaria)

[Entrevista publicada en selectaBarcelona, otoño 2001]

AMOR A LA TIERRA

La práctica agrícola que más se asemeja al arte, es la viticultura: Superada la primigenia actividad del cultivo del campo, utilizado como medio eficaz de la subsistencia humana, la viticultura se proyectar a una necesidad  superior, rozando lo espiritual, para el deleite del hombre. El vinicultor trabaja con un elemento nacido de la tierra, la uva, que transformada en el vino, alcanza la categoría de lo sagrado, lo poético y lo mítico.

María del Mar Raventos es hija de la tierra, en el aspecto más ancestral del concepto. Apasionada por la naturaleza, enamorada de la tierra, seguidora de los ciclos estacionales y de la vida, viene de la estirpe de vinicultores más antigua de Europa. “Mi familia tiene 450 vendimias, y tenemos la vocación de seguir vendimiando muchos siglos más”.

Para María del Mar Raventos los años se cuentan por vendimias y cuando nos comentaba, sentados en el salón de mediodía, en la "casa de l'hereu" de la familia Raventós, ubicada dentro del conjunto de las bodegas Cordoniu, rodeados de los viñedos de la propiedad en Sant Sadurni d'Anoia. Con este comentario se refería a que la Familia Raventós-Codorniu se remonta a 1551, es decir, que este año se cumplen sus primeros 450 años de dedicación al cultivo y elaboración de vinos. Sin lugar a dudas, un linaje tan directo y sin interrupción de una familia, sólo está cuantificado en muy pocas familias nobiliarias.

Precisamente, una semana antes de nuestra entrevista, el 25 de mayo, SM el Rey D. Juan Carlos visitó las Cavas Codorniu y fue objeto de una cena privada en la sensacional mole arquitectónica del "Celler Gran" de Codorniu, en compañía de los amigos de la familia Raventos, con motivo de este aniversario, del comienzo de la actividad vinícola de la familia.

Un verano adelantado
Hablamos con María del Mar, actual presidenta del Grupo Codorniu, el pasado 31 de mayo. Este día, y por pura casualidad, los medios de comunicación lanzaron la noticia de que el año 2000 se había producido la mejor cosecha de la historia, desde que la Denominación del Cava lo registra con exquisito rigor. El 2000 ha sido calificado como un año “Muy Excelente”. Hasta la fecha solo han habido dos años “Excelente”, los correspondiente a 1979  y el de 1983.

Jovial, elegante, muy coloquial, María  del Mar nos deleita con una amable charla, en una tarde de verano adelantado en la propiedad Codorniu, en la altiplanicie del Penedés. Al norte tenemos la montaña mítica de Montserrat. La canícula apretaba. “A mucha gente le molesta el calor, -nos dice María del Mar-. No lo soporta. Estamos acostumbrados a vivir con aire acondicionado. Pero a mí el calor  me encanta, y aunque parezca un poco pedante, y mucha gente no lo entenderá, lo disfruto, porque veo que es necesario para la vida, y sobre todo para las vides. Cuando lo noto, pienso, que las cepas y las uvas ya están creciendo y los campos se benefician de él…”

Este sentido de aceptar la naturaleza tal como viene, de respeto y de vivir en armonía con ella, lo tiene presente en toda nuestra entrevista. “Siento un cariño especial  a la naturaleza, a la tierra. Cuando más la amas, mejor la entiendes. Esto hace que la  respetes al máximo, que sigas sus pautas, sus ciclos. La tierra es muy agradecida, incluso cuando parece que no te da un beneficio inmediato. Pero te sorprendes de lo mucho que ofrece, pidiendo muy poco. No sabes la alegría que me produce cuando compruebo que de un terreno árido,  que muchos ven como yermo y estéril, con el tiempo sale una buena cosecha. Te emocionas, y no hay nada que pueda pagarte esta alegría”.

Este espíritu de compenetración con la naturaleza lo llevan muy arraigado toda la familia Raventos. Es una forma de conducta familiar, que se proyecta, también, en un estilo empresarial.

El abuelo de María del Mar, Manuel Raventós, fue quien con esfuerzo y amor a la tierra, supo erradicar una de las plagas que más azotó y marcó negativamente la historia de la vid en Europa: la filoxera. Esta plaga se extendió hasta a finales del siglo XIX. La constancia de este hombre  y sus conocimientos científicos, posibilitó que esta maldición fuera superada en Cataluña y España. Años más tarde, a inicios del siglo XX,  y gracias a su espíritu emprendedor, convirtió un desierto, en la pedanía leridana de Raimat, colindante con los Monegros, en un vergel. Una zona árida, seca y salina, donde las halla, ahora es una finca modélica de gestión agrícola.

-¿La vid y el vino son la muestra más palpable de este diálogo entre el hombre y la tierra?
    Las últimas semanas, antes que llegara esta ola de calor que estamos ahora respirando,  hemos vivido muy intensamente, con  preocupación y pasión, los avatares que han significado las granizadas caídas sobre muchas de nuestras viñas, así como los fríos inesperados que hemos tenido a principios de mayo. Para quien no vive directamente la tierra, no se percata de estos fenómenos, y hablar de ello puede parecer una tontería, pero para nosotros, para nuestra, familia, para los trabajadores, para los agricultores, han sido unas semanas de sufrimiento, de pasión, de coraje, para proteger lo que estaba brotando de la tierra. Hemos velado noches enteras, mimando la tierra, para que no se helaran los sarmientos, las hojas recién salidas, los brotes de las uvas, aún en flor. Hemos sufrido con la naturaleza, estos momentos malos, pero disfrutaremos con ella cuando vengan sus momentos esplendorosos.

- Esta pasión por la tierra va un poco en contra de la tendencia actual de forzar a la naturaleza…
    En Codorniu no tenemos este objetivo de forzar a la naturaleza. Nuestra premisa es favorecer siempre las pautas de los ritmos naturales. Con ello se consigue la calidad, que para nosotros es una virtud por encima de la cantidad. La producción agrícola, si está fuera de sus ciclos naturales, cae en la mediocridad. Y lo mismo ocurre con la elaboración de los vinos. Hay que seguir unas pautas, que tienen su tiempo y no se pueden acelerar.

Arquitectura y vinos de primera calidad
Desde siempre, la idea y el reto de la calidad se ha tenido muy claro en esta casa.  Manuel Raventós, cuando decidió construir sus bodegas la confió a las manos del arquitecto Puig i Cadafalch, e hizo de las bodegas una obra maestra de la arquitectura universal. Manuel Raventos se empeñó, y mucho, en elaborar el mejor “vino champanoise” posible en sus "cellers" y las bodegas las ubicó a pie de viñas, para evitar oxidaciones y podredumbres a la hora de la vendimia y la incubación. Esto iba en contra de la opinión de muchos, que pensaban (en aquella época del progreso del vapor), de que las bodegas tenían que estar cerca de una estación de ferrocarril, para facilitar, 'a posteriori', la distribución del vino y del cava en los mercados.

El amor por la naturaleza ha estado parejo con el buen gusto de la familia. A parte de poseer una de las muestras de pintura modernista y de vanguardia, más variada,  realizada por los mejores artistas del momento, que crearon carteles publicitarios para la casa Codorniu, entre ellos Ramon Casas, Utrillo, todas sus bodegas son unas verdaderas obras de arte. Son auténticas catedrales en cuyas criptas se cobija el líquido sagrado de la cepa y en sus naves se elabora el vino y manipulan las botellas. Si las Cavas Codorniu fueron proyectadas y construidas por el arquitecto Puig i Cadafalch, que realizó una  joya arquitectónica, hoy catalogada como monumento nacional, el resto de las bodegas del Grupo Codorniu, que se ha construido en su más de siglo y medio de existencia han sido erigidas por los mejores arquitectos de cada época.

Esta tradición en apostar por la modernidad y la vanguardia del momento hace que el patrimonio de Cordorniu, a parte de sus vinos, sea también el de su arquitectura. Tras la impronta que dejó Puig i Cadafalch a finales del XIX en el conjunto arquitectónico de Can Codorniu, las otras bodegas del grupo han seguido esta filosofía y así la primera bodega Raimat en Lleida, que data de 1918 fue diseñada por el arquitecto modernistas Rubió i Bellver, discípulo de Gaudí, pionero en la utilización del hormigón armado, y su ampliación,  en el año 1988, corrió a cargo del arquitecto Domingo Triay, que con un revolucionario concepto de respeto ecológico y de integración impecable en el paisaje, ha creado una verdadera obra maestra del siglo XX. Este mismo arquitecto fue quien proyectó, al año siguiente en 1989, las bodegas Codorniu de Artesa, en el valle vinícola de Napa en San Francisco de California (USA), en donde las construcciones realizadas buscan también la armonía en aquel paisaje. Por otra parte, las bodegas Rondel, situadas en Cervelló, construida en 1948 en la carretera de Barcelona a Valencia, es obra de Jaime Artigas y está inspirada en las naves de las Atarazanas de Barcelona. La ampliación llevada a cabo en esta bodega, en 1960, la ejecutó el arquitecto Lluis Bonet Garí. El último gran proyecto arquitectónico de Codorniu son las bodegas que se están construyendo en la prestigiosa zona vinícola de Agrelo, Mendoza (Argentina), cuyo diseño arquitectónico se inspira en la técnica de construcción inca de la “pirca”, donde la estructura de la edificación se concibe con la apilación de la piedra sobre la piedra. Sus muros y sus naves son de batolitos naturales, procedentes de la cordillera de los Andes. El proyecto lo están ejecutando los arquitectos argentinos Mariano Yansón y Eliana Bormida.

Tradición y vanguardismo
“Ser tradicionales no quiere decir ser inmovilistas –nos deja claro María del Mar-. Me hace gracia cuando me vienen al despacho de Barcelona y se sorprenden de lo vanguardista que es, y me dicen, que “¡cómo es que tengo un despacho tan moderno, si vosotros sois tradicionales!”Y yo no me canso de repetir, que una cosa no excluye la otra. El que nos sintamos bien con la tradición no quita que vivamos intensamente los momentos presentes y que apostemos por ellos, teniendo siempre la mirada puesta en el futuro. Si Cordorniu estuvo a finales del XIX con el Modernismo fue por que era la vanguardia del momento, y si hoy trabajamos con los mejores arquitectos, es porque creemos en la modernidad. Hoy nunca haríamos unas bodegas siguiendo la estética de Puig i Cadafalch”.

-Pero la historia, en Codorniu, pesa mucho, ¿supongo?
    Por descontado. Tenemos una larga historia, de la que no renegamos, e incluso la defendemos y nos enorgullece, porque es verdad y somos hijos de ella. Pero miramos hacia delante, nunca hacia atrás. Siempre tienes que estar renovando, ser creador, estar en movimiento, dejar libertad de acción a la gente con la que trabajas, para que exprese lo nuevo, lo que nos sugiera el momento presente y no encasillarnos con los lastres del pasado. Sería absurdo ahora querer hacer unas bodegas como las que encargaba mi abuelo… Copiar lo viejo, aunque en aquella época fuera muy moderno, es un anacronismo. Sería, precisamente, ir contra el espíritu de modernidad y renovación del que hizo gala mi abuelo, cuando contrató a Puig i Cadafalch.

Los otros mediterráneos
Abierto, luminoso, colorista, es el campo del viñedo. Lo vemos desde la ventana que da a la gran plaza del "Celler". La vid es la planta del mediterráneo por excelencia, como el olivo.


-¿Se siente mediterránea?
    El Mediterráneo es luz, color, alegría. Es una geografía de espacios soleados, de gentes y culturas abiertas, pero te voy a contar un secreto, hay otros mediterráneos en el mundo tan cautivadores o más que el nuestro. A parte del que tenemos aquí, y del que formo parte por nacimiento y porque vivo en él, hay otros. Me apasiona y me encanta el mediterráneo californiano. Allí paso largas temporadas, en las bodegas del valle de Napa. California es un mundo único que me atrae y entusiasma. Es un inmenso mediterráneo, que te sorprende por lo generoso y atractivo que es.

-¿Que diferencia hay entre uno y otro?
    El nuestro, es el mediterráneo clásico. Allí, en California, está el mediterráneo moderno. Si el nuestro está demasiado marcado por el lastre histórico, aquel es un mediterráneo sin prejuicios y puede que por ello más abierto y dadivoso. Pero también te diré que es sensacional el mediterráneo sudafricano, el australiano, ¡y no digamos el del cono suramericano!.

-¿Lo dice por los vinos que allí se producen?
    Los vinos son, evidentemente, el fiel reflejo de lo que es una la tierra. Son el sabor de la tierra. Los vinos que salen de allí nada tienen que envidiar a los que se hacen en Europa. Son excelentes y además, mucho más baratos. En estos países no existe el prejuicio que tenemos en Europa de encarecer y sobrevalorar determinados productos, por cuestiones de marketing o modas.

-Allí, ¿el mercado es más sincero?
    Aquí, ahora, se están pagando vinos a precios desorbitados, por puras modas, sin responder realmente a la calidad del producto. En América, por ejemplo, los precios están más ajustados a la realidad y la calidad nada tiene que envidiar a los europeos. En Europa estamos viviendo un momento peligroso con el vino… Si bien es verdad que hay vinos buenos a precios correctos, ahora estamos viviendo una tendencia de encarecer sin razón ciertos vinos que realmente no son buenos. Esto me pone un poco crítica, ya que se está engañando a la gente con campañas de marketing y de moda y poniendo unos precios desorbitados a ciertos vinos, que a la larga estropearan la cultura del vino e impedirá que la gente llegue a disfrutar del vino de una forma natural. Soy de la opinión  de que hay que poner el precio del vino al que realmente tiene por su calidad y no sobrevalorar cualquier vino, por el simple hecho de ser de una zona determinada. Y en esto, los otros “mediterráneos” van a decir mucho en un futuro.

-¿Los vinos de los mediterráneos australes?
    Tanto los del norte, caso California, como los del sur…Sí, sí, allí los vinos son magníficos y opulentos, tanto los que se hacen en Argentina, Australia en Nueva Zelanda y en Sudáfrica. Son excelentes, son magníficos

- Veo que tiene una visión muy cosmopolita del mediterraneismo…
    En el mediterráneo europeo nos miramos demasiado a menudo a nosotros mismos. Los griegos decían que Delfos era el centro del mundo. Muchos aún piensan así. Creo que esto hay que relativizarlo. Somos parte del mundo, pero no el centro.

- ¿Que le parece Barcelona como ciudad?
    Es una ciudad maravillosa, única, con mar y montaña. Muy europea, limpia, moderna. Muy joven y dinámica. Agil, es decir, te mueves fácilmente en ella, gracias a su urbanismo. Es una ciudad discreta, ya que si quieres que la gente no te vea, pasas desapercibida y te respetan. A veces lamento no estar más en ella, porque es magnífica. Cuando paso una larga temporada fuera, por estar en alguna de las bodegas en pleno campo, llegar a Barcelona es como volver a casa, después de unas largas vacaciones.

-¿Pasa mucho tiempo viviendo en los viñedos y en las bodegas?
    Sí. Y sobre todo en Raimat. Por esto, cuando he de abandonar Barcelona, me cuesta mucho.

-¿Tiene otras “barcelonas”, es decir otras ciudades, en mente?
    A mí me encanta San Francisco. Debido los viñedos y las bodegas que tenemos en Napa. Allí paso mucho tiempo en la zona de Sacramento y San Francisco. ¡Y es tan preciosa aquella tierra!. Soy una entusiasta de California…

-Y también de Raimat, y de la zona argentina a la falda de los Andes
   Sí, me entusiasmo fácilmente con toda la tierra en la que trabajo. Ahora, con las bodegas argentinas que estamos construyendo en Mendoza, me esta pasando algo parecido que con California. Estoy adorando las viñas de la zona de Agrelo, un enclave vinícola  al oeste de Argentina, bajo los Andes, donde estamos construyendo la séptima bodega Codorniu. Y con la tierra me pasa como con las personas, cuando más la conoces, más cariño la tomas. Cuando encajas en un sitio, empiezas a estimarlo.

Angel Joaniquet



Tres Visitas reales
La relación de la familia real con la casa Codorniu se remonta ya a tres siglos. A parte de ser proveedores de la Casa Real, desde 1897, cuando la reina María Cristina les nombra vinateros del Palacio Real, con el privilegio de poder utilizar el escudo de armas de los monarcas en su cava Non Plus Ultra, los productos Codorniu siempre han engalanado las comidas reales, tanto privadas como oficiales, (bodas, banquetes, ágapes y cenas con otros jefes de Estado). Codorniu elabora en la actualidad una reserva especial y única para el Palacio de la Zarzuela.
Esta confianza de la familia real se ha materializado en tres visitas personales de los reyes de España a las bogedas Codorniu.
    La primera fue el 17 de abril de 1904, cuando Alfonso XIII visitó las cavas y fue recibido por Manuel Raventós. Aquel rey realizó una cata de los dos cavas Codorniu, el Extra y el Non Plus Ultra.
    La segunda visita real fue con ocasión al centenario de la erradicación de la filoxera en 1987, donde el rey Juan Carlos junto con Doña Sofía visitaron las cavas Codorniu, siendo recibido por el entonces presidente Magín Raventós.
    La tercera ha sido el pasado mes de mayo, con motivo de la celebración del 450 aniversario de Codorniu, como empresa familiar elaboradora de vinos. Asistió SM El Rey, la reina, la infanta Cristina, amigos de la familia Raventós y las tripulaciones de los veleros Cordorniu y Azur de Puig que fueron recibidos en cena privada por María del Mar Raventós, presidenta del Grupo Codorniu y Jordi Raventós, director general del grupo. En esta visita el rey firmó la botella conmemorativa del 450 aniversario, una pieza única creada en 1984 por el fabricante de vidrio italiano Ormelvetro, que es la botella más grande del mundo.



lunes, 30 de junio de 2014

Angel Rojas (navegante solitario)


'SUPERAR BORRASCAS Y LA SOLEDAD' 
[Entrevista publicada en la revista Mediterránea de julio de 1995]

Nos comentaba Angel Rojas que en una navegación en solitario, tan dura es la calma, como el temporal. ‘Aunque en el fondo, preferimos los temporales ya que la calma es el peor castigo que puede tener un navegante de vela. Es lo más desesperante a bordo de un velero'.

Angel Rojas, comodoro del Club Vela Mataró, nos habla de su vinculación con el mar, tras finalizar y ganar las 1000 millas Barcelona-Ustica-Barcelona. Una regata disputada el pasado 24 de junio, en la que salieron 12 barcos y solo la completaron tres, el Ciudad de Mataró, de Angel Rojas, navegando en solitario, el StayVela, con los hermanos  Willy y Bruno García y el Gloria, con Lluis Mas y Nadal, ambos navegando en pareja.

Rojas tiene 35 años y desde joven se ha sentido atraído por el mar. En el año 1992 ganó una Mare Nostrum y el mismo año participó en la trasatlántica cuyo destino era la isla de San Bartolomé. Pero el motivo de esta entrevista es que nos hable de la pasada regata Mil Millas, una durísima prueba que coincidió su salida con una violenta borrasca, y una entrada fuerte de Tramontana en el mar Balear –primer tramo de la prueba- que obligó a gran parte de la flota tener que abandonar la prueba.

-¿Te enteraste del abandono masivo de los participantes en las primeras horas de iniciar la regata?
    No, no tuve conocimiento hasta tres días antes de llegar a la meta en Barcelona, ya finalizando la prueba.

-¡Fue fuerte el temporal que tuvisteis que superar, pocas horas de comenzar la prueba!
    Sí. Nos vino un fuerte viento de norte. Esto, al comenzar una regata, es duro, ya que no estás aún amarinado. Pero no le di mayor importancia. Lo tuve que aguantar y lo aguante. No pensé más allá: salir del temporal y resistir. El viento me venía de través y me iba muy bien. El barco aguantaba perfectamente, por lo que no le di mayor trascendencia a la meteorología que tenía. Un temporal más…

-El único tripulante a bordo también aguantó
   Iba mentalizado de que no era una regata sencilla, por lo que estaba mentalizado de que iba a resistir todo lo posible. En la navegación en solitario existe un trabajo previo de mentalización. Antes de salir has de estar convencido donde te metes y preparado para  afrontar las situaciones más difíciles que puedes encontrarte en una navegación y sobre todo saber resolverlas. Creo que si vas con este convencimiento, superas todos los inconvenientes, que son muchos. Siempre que el barco aguante.

-¿Esto es lo más importante?
    Sí, creo que sí. El barco es quien te mantienen en el agua, navegando. Si falla él, todo se derrumba.

-Es el rozar el límite, pero sin romper
   Llegar al límite, aunque estés compitiendo en un regata, es un asunto delicado. Alcanzarlo, o rozarlo, es una cuestión personal. Pero esto vale tanto a nivel de forzar el barco al límite, como el forzarte a ti mismo. Por esto has de tener el barco perfectamente, por si tienes que llegar al límite, al igual que a nivel personal, por ello has de estar preparado física y psicológicamente, para poder ponerte al límite en un momento de necesidad. Pero ya se sabe, si lo sobrepasas y no estas  a la altura, a veces te rompes. O rompes el barco. Por ello hay que estar preparado para que esto no ocurra.

-¿Por qué te gusta navegar en solitario?
   La navegación la puedes enfocar como un deporte colectivo, cuando navegas con tripulación, o como un deporte individual, como puede ser el atletismo o el tenis. En este caso es la fórmula del solitario. Es la que me gusta a mí, porque es un reto contigo mismo.

-¿Cuándo lo pasa mal un navegante solitario?
    Sin lugar a dudas, cuando hay calma. Es desesperante, porque no haces nada y realmente no sabes que hacer. Esta situación la tenía muy estudiada, por si me pasaba en la regata. Por suerte no tuvimos encalmadas en los 9 días de navegación.

-¿Cuál fue el momento más difícil de la Mil Millas?
     No encontré ninguno en especial. Iba al ritmo del barco.

-¿Y el mejor?
   Sin duda doblar la isla de Ustica. La mitad de reto estaba hecho. Después, disfruté de una navegación muy tranquila y relajada. Durante la vuelta tuve un viento de popa, que me impulsaba directamente a Barcelona. También me emocionó saber, tres días antes de llegar a Barcelona, de que era el único solitario que llegaba a meta. De esto me enteré en aquel momento, y en el fondo fue una noticia que me supo a agridulce, ya que sentí mucho el abandono de mis compañeros.

-¿No viste a nadie en toda la travesía?
    Cuando doble Ustica, vi al Stay que estaba a pocas millas de mí. Y todo el viaje de vuelta fue una navegación en conserva entre ambos. Estuvimos juntos,  cierta distancia todo este trayecto. Llegamos el mismo día a Barcelona y siempre nuestras velas estuvieron a la vista.

Angel Joaniquet



jueves, 29 de mayo de 2014

Josep Maria Espinàs (escritor, periodista y viajero)


EL 'VIAJE A PIE' COMO ESTÍMULO DEL CONOCIMIENTO
[Entrevista publicada en selectaBarcelona, verano 2002]

Josep Maria Espinàs hace amigos al andar. Lo entrevisto cuando le anuncian que le han concedido el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes. Nos ha recibido muy amablemente y la entrevista ha estado continuamente interrumpida por las continuas llamadas telefónicas, felicitándole por el galardón. Y a pesar de su continuo ir y venir al teléfono, en todo momento nos atiende con suma afectividad. No cambió en nada nuestro programa. Ni su talante se alteró en lo más mínimo. Eso sí, le felicitamos, sinceramente, y  a pesar de su carácter humilde y poco dado a maximizar sus virtudes, reconoció que sí, que estaba muy contento de ser uno de los escritores catalanes reconocidos con esta distinción, que también la han recibido escritores  muy admirados por él com,o Miquel Batllori o Joan Corominas.  Y es que un premio siempre es valorado por la calidad de sus premiados.

Josep María Espinàs es el escritor de lo cotidiano. Columnista diario desde hace más de treinta años, sus reflexiones sobre el quehacer de las personas en el entorno en que le ha tocado vivir, son una crónica vital de la Cataluña del último tercio del siglo XX y  sus libros de viajes, son un  testimonio sociogeográfico de una España escondida y autentica, vista por un catalán.

Con 75 años, Josep María Espinàs, es un personaje vitalista, jovial y lleno de entusiasmos. En su haber, a parte de los artículos que publica en la prensa escrita, tiene un balance de 75 libros, lo que hace un promedio de un libro por año. Y de estos 75 libros, 15 son de ‘viajes peatonales’.

“Yo no escribo libros de viajes, escribo libros de caminante, de viajes a pie. Esta peculiaridad condiciona el resultado creativo y literario del libro” – nos comenta.

Precisamente éste era el motivo de nuestra charla: hablar de sus libros de viajes a pie, de la experiencia literaria que supone escribirlos y conocer su estilo, en este tipo de literatura. Un estilo directo, donde lo humano y lo cotidiano se eleva a la categoría de arte. Un maestro, sin duda, de la prosa catalana.

No quiere que se le identifique como el Camilo José Cela catalán, ya que según Espinàs “son dos maneras distintas de enfocar el viaje”. Fue compañero de ¨Cela en el viaje que el escritor gallego  realizó en el Pirineo de Lleida, y señala que Camilo: “en realidad solo hizo un viaje y medio a pie. En cambio yo he hecho 15 libros de viajes y todos a pie, porque para mí, el hecho de ir caminando forma parte de la metodología del libro que escribo, como es la manera de percibir el paisaje, los tiempos que transcurren, las sensaciones del cansancio”.

-Hoy son muchos quienes descubren lo que significa viajar a pie. ¿Es un snobismo, propio de una sociedad postindustrial esta actitud? ¿Una necesidad biológica del urbanita que vive encerrado entre cuatro paredes? O ¿es un talante casi deportivo de turismo?
            Mis viajes a pie son una experiencia literaria. Son una forma más que tengo para poder transmitir literariamente unas sensaciones.

-Nada que ver, entonces, con una necesidad de salir respirar aire puro, como buen urbanita que es?
            No. Los viajes a pie que hago no tienen nada que ver con los que hace ahora mucha gente. Yo nunca he sido un excursionista. No viajo para hacer kilómetros por el mero hecho de andar o hacer ejercicio físico. No. Yo viajo a pie para poderme aproximar de una forma más directa con el paisaje, a las gentes, para después hacer literatura.

-Sus viajes son literatura, no deporte
Exacto. Soy escritor, no un deportista. Eso sí. Aquí en Barcelona  camino mucho, cuando voy de una punta a la otra de la ciudad suelo ir a pie. No cojo ni el bus, ni el metro, ni el taxi. Voy a pie. A mis 75 años todavía puedo hacer 30 km seguidos y subir a pie de 400 a 1000 metros sin parar. Y eso que no llevo una vida excesivamente sana, porque aún fumo en pipa y mientras subo montañas, fumo sin parar. Además, como poca fruta, y menos verduras. En cambio consumo mucho chocolate, dulces, comidas grasas y contundentes. O sea, que soy el mejor ejemplo de lo que no se debe hacer. Y menos un deportista.

-¡Escritor turista?
No. Nunca voy como un turista. Y mis libros de viajes no reflejan paseos turísticos. Busco precisamente lugares desconocidos, fuera de las rutas turísticas comerciales. Y no solo huyo del turismo industrial, el de tour operator, o el de las agencias de viajes, sino también del turismo rural. Voy a lugares recónditos, a pueblos que pocos conocen e intento que allá donde voy, el único forastero sea yo. Son sitios que solo los lugareños saben y que a veces ignoran incluso los habitantes de ciudades cercanas a estos entornos.

-¿Es un escritor sociológico?
            Me interesa mucho el contacto con la gente. Con gente no adulterada por el fenómeno turístico y que no tiene que tratar con turistas ni visitantes esporádicos de fin de semana o vacaciones estivales. Me gusta descubrir lugares remotos, escondidos.

-Geografía o gente ¿Que prefiere?
            A pesar de que el paisaje para mí es muy importante y forma parte del valor de estas zonas olvidadas que visito, lo importante es descubrir y describir el paisanaje. La gente es lo que importa, con el atractivo añadido de estar inmerso en un paisaje único.

-¿Cómo viaja?
            Mi método de viaje es simple y sencillo: una vez elegida la zona, me pongo a caminar.

-¿Sin más?
            Sí. No quiero que un programa adultere esta experiencia y me haga caer en prejuicios ya creados. Salgo sin buscar nada, pero encuentro mucho. Cuando inicio un viaje, salgo siempre a primera hora de la mañana y me dirijo directamente al pueblo más cercano. Mis etapas son de pueblo a pueblo. En zonas, como en Galicia, estas etapas son muy cortas, mientras que en otras zonas, como el páramo de Castilla o Andalucía, las etapas son más largas.

-¿No es muy reiterativo viajar siempre  así?
            En cada viaje las sensaciones que se crean son distintas. No hay un día igual, ni una ruta repetida…, aunque recorriera la misma el día siguiente.

- Es como un sumergirse al vacío…
            Viajar a pie es la manera menos traumática, y menos intrusiva de entrar en un pueblo y conocer a sus gentes. Es la forma más natural de introducirse en una comunidad y la gente te suele aceptar sin ningún reparo. En cambio, si llegas en coche, - y más si es de noche-  siempre serás un forastero, un turista, un capitalino. Aquí en Cataluña lo definimos muy bien: ‘un barceloní’. Si llegas a pie te haces vecino del pueblo, te integras en él de una forma natural. Entras en su mundo fácilmente. Conversas con uno, con otro y te conocen a medida que hablas con ellos. Entonces se abren a tí. Por curiosidad, por comprensión, por pena o por lo que sea, pero se establece una relación humana verdadera, que es imposible realizarla si llegas con un automóvil. Esto es lo que quiero transmitir mis libros de viajes a pie.

-¡No lleva ningún libro de ruta, un simple mapa, una cámara fotográfica?
            El ir a pie te obliga a vivir como ellos. Entras en una casa de comidas, en una fonda de habitaciones, tomas notas, explicas tu experiencia, se hacen amigos tuyos. Pero si ven un artilugio mecánico, un grabadora, una simple máquina de fotografiar, les cohíbes y no te tratarán como a un igual. Lo único que llevo es un mapa, para situarme en el espacio geográfico. Y a partir de aquí, improviso.

-¿Cómo en una jazz sesión, que tanto le gustan?
            La improvisación es una condición indispensable en este tipo de viajes. Las cosas saltan a tí, cuando caminas. Entonces es cuestión de cogerlas. En lo que no improviso es a la hora de marcar las distancias: voy a pueblos a  los que puedo llegar en una jornada, para poder dormir bajo techo.

-¿Ha dormido alguna vez bajo las estrellas?
            En mis primeros viajes, años tras, sí. Pero ahora intento tener un conocimiento previo de los sitios en donde podré hospedarme mínimamente para descansar, porque no soy un excursionista, cómo te he dicho, no voy con un saco de dormir, ni con un mochila.

-¡A pelo!
            Sí. No llevo equipaje.

-¿Cuál fue su primer viaje?
Mi primer viaje fue acompañando a Camilo José Cela por el Pirineo de Lérida.

-Sus primeros libros se centraban en Cataluña, pero ahora está descubriendo paisajes nuevos
Sí, primero fue Cataluña, País Valenciano, y después descubrí Castilla, el País Vasco, Galicia. El último recorrido que he realizado (aún no escrito porque acabo de llegar de él) es un viaje  Andalucía. He estado en una zona muy recóndita, la sierra Magina, en Jaén, ignorada incluso por muchos jienenses.

-¿Qué es Magina?
            Es una montaña que, a pesar de ser un parque natural, no está en ninguna guía turística. Es un lugar aislado, mágico. La gente va a la sierra de Cazorla, a Úbeda, pero no allí.

¿Qué ha encontrado?
Es una zona con mucho carácter, en la que encuentras personajes magníficos que yo, como escritor, puedo retratar, reproducir conversaciones, explicar cómo viven…

-Sin grabadora, ni máquina de fotografiar
            Sí, todo lo retengo en la memoria. Un viaje es una inmersión en el paisaje, tan absoluta, que es un pecado distraerte con artilugios que te apartan del verdadero cometido del viaje. Buscar un punto de vista para hacer un fotografía supone romper el encanto del camino y de la caminata.

-Solo camina, mira y escucha...
            Quiero que la libertad sea absoluta. Los aparatos limitan la capacidad de acción. Cuando llego a un pueblo, paseo por él, me lo miro. Si hiciera fotos rompería la tarea literaria.

-¿Y lo dice usted?, ¡que ha sido fotógrafo!
            Como fotógrafo he hecho muchas fotos para editorial Destino y sé que no puedes combinar la faceta de fotógrafo con la de escritor. Son dos mundos distintos, casi incompatibles. Cuando hago fotografías me enfrento al paisaje de una forma diferente. Intento buscar el ángulo más fotogénico, la luz más adecuada, el fondo más idóneo. Por eso no quiero entrar en esta dinámica, por otra parte muy fascinante, cuando viajo a pie.

-¿Cuántas horas camina?
            Cuatro. A veces seis. Depende de la geografía y la distancia ente pueblos. En ocasiones he tenido que hacer hasta treinta kilómetros para llegar a un pueblo. Pero esto es excepcional y lo hago si no hay más remedio. Yo no camino para hacer kilómetros, sino para llegar a otro pueblo. No tengo prisa.

-¿Qué zonas le han cautivado más?
            Todas. A pie, cualquier viaje es apasionante. Rompes con tu visión de hombre de ciudad, con la rutinaria forma de vida que llevas y descubres cosas que no te imaginabas. Pero si tuviera que quedarme con un viaje, puede que eligiera Galicia. La Galicia oculta y descubrir sus sensaciones, la Galicia desconocida, la Galicia rural de Santa Mariña, llena de pueblecitos. Es una vivencia única. La gente es muy agradable y conserva una forma de vida auténtica. Galicia tiene una capacidad de seducción especial para un caminante. Encontrarse, por ejemplo, con una pastora en un prado, acompañada de vacas y hablar con ella sobre su vida, la historia de su familia, es realmente enriquecedor.

-¿Cuándo dejó de viajar por Cataluña?
Deje de hacer literatura de viajes por Cataluña porque hay demasiadas zonas turísticas industrializadas y la pequeña dosis de aventura que tienen los viajes a pie, se ha perdido. Además me conocen demasiado y creo que el encanto de viajar a pie es que nadie te reconozca, que te traten como la persona que eres y no la figura que representas. En Cataluña voy a un pueblo y el concejal de Cultura anuncia que el ’Espinàs está aquí’ y te invitan a comer a tal sitio, a que conozcas aquella magnífica ermita… Yo no busco esto. Lo que yo quiero es ser libre, descubrir los lugares por mí mismo, sin ningún tipo de interferencia externa.

-Pero usted es un urbanita convencido
            Sí, soy una persona de cultura urbana, muy barcelonés. Me gustan mucho las ciudades y cuando hago turismo convencional las visito. Como turista. Con máquina de fotografiar. Hay gente de ciudad que va al campo, a buscar la naturaleza, tranquilidad, porque dicen que la ciudad les estresa. A mí en cambio Barcelona nunca me ha estresado. Me gusta su actividad. Pero como escritor, los viajes a pie me ofrecen unos estímulos, unas sorpresas, que luego aprovecho para escribir.

-¿Qué tipo de estímulos?
            Ver la enorme diversidad de gentes. Siempre nos relacionamos con la gente que tenemos en nuestro entorno, la que ya conocemos, la que nos cae más simpática o la que necesitamos para trabajar. Gente que ya sabemos cómo actúa y actuamos ante ellas, sin darnos muchas sorpresas. Pero en estos viajes vas a lugares que no conoces, y no conoces a nadie y te encuentras con gente que no te esperas y tienes que convivir con ella. Esto es muy estimulante. Son personas a las que no necesitas, ni ellos te necesitan a tí. Por ello la relación que se establece es de pura sinceridad. Tienes el privilegio de estar junto a ellos y competir durante unas horas una vida, que no es tuya.

-¿El exotismo está en lo desconocido?
            Lo exótico es lo que no conocemos. Y puede que está a la vuelta de lo esquina. Hay personas que creen que realizar un viaje exótico es ir a las Seychelles o a Thailandia y no se dan cuenta que allí, donde llevan al turista, ya no queda nada de lo exótico que tenía para un occidental estos lugares. Ir a ciertos lugares, a veces, es ir a un hotel estandarizado de una cadena hotelera internacional,  todos similares, recorrer los monumentos y calles predeterminados por las guías turísticas, ver casi las mismas gentes que ves en tu ciudad. Todos son turistas como tú y llevan el mismo programa. Mira, se vive un contraste más fuerte viajando por la Galicia escondida, que yendo a lugares que están literariamente muy descritos y la gente está muy contaminada por tanta información.

-Usted camina por zonas concretas, no hace largas peregrinaciones…
            No ,yo no hago caminos de Santiago, por ejemplo. Esto no entra en mi filosofía del viaje a pie. Aquello, más que un viaje a pie, es una manifestación de otro tipo. Cada día salen más de 600 personas de un pueblo para hacer un serie de kilómetros, todos disfrazados, algunos con vestimentas de vivos colores, que parecen van en manifestación o a un festival de música. Mis viajes no son esto, son una experiencia más personal, íntima y casi solitaria, de tipo literario.

-¿Un viaje místico?
¡No, por favor! Mis viajes nada tienen que ver con el misticismo, ni tampoco son viajes de terapia psicológica. Son simple y llanamente, un placer personal, una experiencia literaria, que me permite descubrir nuevas cosas. Y después, transcribirlas.


Angel Joaniquet.